Llevamos unos días de lucha continua contra las rabietas. El protagonista: Don Leo... escrito así parece que haga alusión a un personaje de la mafia siciliana... Bueno, no es el caso pero el señorito se las trae. Hace un par de semanas parecía que habíamos atajado esta práctica tan típica de la edad. Pero después de pasar unos días convaleciente y con más atención de lo normal por nuestra parte, ha retomado estas malas artes. En cuanto oye un "no" por respuesta grita, con un grito seco y corto. Después sigue gritando y cuando se da cuenta de que no consigue nada excepto nuestra ignorancia y volver a la afonía que días atrás le aquejó, se tira al suelo... Ese es el punto álgido de la escena... también lo es para el control de nuestros nervios... En ese momento... mejor no escribo lo que uno haría en ese momento... Menos mal que queda ahí, en el pensamiento. Ayer lo comentaba con su profesora porque ni su padre ni yo queremos darnos por vencidos. "Poco a poco", nos decía ella. "Hace falta mucha paciencia y sobre todo dejarle bien claro al niño que no va a conseguir NADA actuando de esa manera". Ahí seguimos, poniendo en práctica la virtud más complicada para unos padres con 3 niños pequeños: la paciencia. Y no es fácil, para nada. Después de cada rabieta Leo se da cuenta de lo que ha hecho, se acerca y dice: "Perdona papa, perdona mama" y nos da un abrazo lleno de sentimiento. El fondo es bueno, bueno rebueno. Y luego añade: "No ho faré mai més" y entonces te mira y te sonríe con su cara de pillo repillo... y ahí te desarma, totalmente. No hay nada que hacer, nada que decir, sólo corresponder a su abrazo y esperar eso: que no vuelva a ocurrir... Lola ya llega a todas partes reptando. Recorre el comedor como Pedro por su casa. Ayer se bañaron los tres juntos en una mini mini piscina que no debe tener más de 60cm de diámetro. Leo abrazaba a sus hermanos con tanta fuerza y tantas ganas que casi acaba la cosa en llanto y desgracia.... de tanto que te quiero...La escena merecía una foto... Y casi se nos pasa de lo embobados que estábamos Jordi y yo mirándolos. El momento fue bonito, muy bonito por lo inesperado de la reacción del señorito... Menos mal que lo bueno que tiene supera con creces lo que no lo es tanto...
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