miércoles, 11 de febrero de 2009

Niños soldado

Hoy leía una noticia en el periódico que me ha hecho reflexionar, una vez más, sobre la suerte de nacer o no nacer, en un país civilizado, en el seno de una familia feliz y trabajadora. La noticia era el testimonio de un niño soldado del Congo. Relataba ante la Corte internacional su testimonio como parte del proceso contra Thomas Lubanga de cómo fue apresado, maltratado y obligado a “matar a muchos” con sólo once años. Lo estoy escribiendo aquí, y mientras lo hago siento un escalofrío por todo el cuerpo. ¿Cómo es posible que exista tanta maldad cuando, sobre todo, se trata de niños? Pienso en los míos y en las circunstancias tan distintas en las que han nacido. Podrían o podríamos haber nacido en ese mismo Congo, o en Irak donde cada día se teme por la vida de las personas que allí viven, o en cualquiera de los países subdesarrollados que no tienen ni para alimentarse y donde los niños viven en la miseria y penuria más extremas. Sólo nos queda agradecer nuestro destino, valorarlo y aprovecharlo al máximo y en la medida en que nos sea posible, ayudar, aunque creamos que nuestra colaboración sea una gota en un océano, a mejorar la situación de los que no tienen nuestra suerte. El testimonio de este joven congoleño finalizaba con estas palabras al ser preguntado sobre las secuelas que le habían quedado.: “Me duelen la cabeza y el oído, por el arma. Y no tengo estudios.” Buen Miércoles. Hoy una foto que transmite la paz y la inocencia de Hugo y Leo durmiendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario