La entrada en el cole para Hugo y Leo ha sido peor que las de los dos días anteriores. Ellos ya sabían donde iban y se negaban en rotundo a separase de mis piernas. Hoy mi falda, por los pelos, no me ha hecho pasar un buen apuro, después de soportar tirones y tirones... no quiero ni pensar en si hubiera cedido a ellos!!! Mañana mejor llevar pantalones con un buen cinturón que los sujete. Una vez en clase y pasados los minutos de transición, se adaptan bien, juegan con los demás niños, comen sólido (increíble, porque sobre todo Hugo era reacio al cuadrado) y duermen lo que les dejan. En fin, no podemos pedir más. Estamos contentos, con ellos y con sus profes. Yo después de tres días, sigo sin un hilo de voz. Res de res. Mañana reposo total a ver si la recupero. El título de la entrada de hoy menciona las motos... pues eso es lo que más les "pirra" desde hace un par de meses. Sólo oirlas ya imitan su ruido, se mueren por subir en ellas, ya sean de juguete o de verdad, eso sí mientras éstas últimas no estén en marcha... así que los euros se nos irían a cientos si cediéramos a cada petición suya de subirse a las miles que hay en todas las calles, centros comerciales, bares, tiendas. Hasta ahora, nunca me había fijado en ellas. Desde Agosto parece que mi olfato las huela y mis pies las huyan...son la ruina!!!! un video de Hugo disfrutando del momento... entonces no existía para él nada más que la moto. Mitad de semana ya....
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