Hoy leía en un blog de una mamá de tres niños que su peor hora del día eran las 8.25 de la mañana, momento en que ella y sus tres hijos deberían de salir por la puerta de casa dirección al colegio. Mientras leía su post pensaba en cuánta razón tenía en todo lo que contaba. Supongo que cada familia tiene su hora crítica en la que el estrés alcanza su punto culminante. La nuestra son las 7.50 de la mañana. A esa hora Hugo y Leo deberían de estar vestidos, desayunados, con la cara limpia de mocos y de papillas y con los abrigos puestos para poder coger el ascensor y salir de casa camino al cole. Esa es la teoría. La práctica es que la mayoría de los días a esa hora, ellos están a medio desayunar, jugando con sus coches y muñecos y tratando de impedir a voz en grito que su padre los peine para estar medio presentables. Yo, a duras penas logro estar vestida, ya no digamos peinada (muchas veces el espejo del ascensor hace las mismas funciones que el del lavabo) y la colonia o pendientes quedan abandonados durante días en su cajón... Hace meses que opté por desayunar (para poder hacerlo con tranquilidad) delante del ordenador de la oficina, y más de una vez he olvidado alguna luz encendida o el bolso se ha quedado reposando encima del sofá... Así que, una vez sentados todos en el coche, una respira y piensa que prueba superada de nuevo... Es entonces cuando uno de los dos empieza a pedir: mama el globo, mamaaaa el cotxe, "maaamaaaa que s'ha caigut" y tú que les explicas que mientras conduces no te puedes girar, ni agachar, ni darles nada y ellos que no atienden a razones y dale que dale. Leo no se conforma sólo con pedir si no que quiere que además le mires cuando te habla porque si no piensa que no le haces caso... Así llegamos al colegio (pronto para poder aparcar sin molestar a nadie) y cuando regresas a por el coche después de dejarlos a ellos en clase, te encuentras con otro que ha aparcado delante bloqueando tu salida y que después de no sé cuántos minutos de espera (que en ese momento del día parecen horas) llega con su sonrisa mientras se quita el abrigo con suma tranquilidad, lo deja en el asiento del acompañante y regresa al del conductor para ponerse su cinturón de seguridad con una parsimonia tal que apretarías el acelerador con un ímpetu que lo mandarías no sé dónde... supongo que dando rienda suelta a todo el estrés acumulado en el transcurso de esa eterna hora de la mañana... En fin, que de las 8 a las 9 de la mañana mejor que no suene el teléfono....Menos mal que Jordi, en los últimos días hace con nosotros parte del trayecto... así el estrés no se concentra tanto en una única persona. Hoy una foto de Hugo y de Leo con cara de angelitos... Hoy felicitats al tiet Carles que cumple años.Este va a ser el diario desde el primer año de vida de los gemelos Hugo y Leo Vila,y de su hermanita Lola contado por su mamá para que cuando ellos crezcan puedan leer aquí lo que vivieron día a día desde sus más tempranos días...
jueves, 18 de febrero de 2010
7:55 am
Hoy leía en un blog de una mamá de tres niños que su peor hora del día eran las 8.25 de la mañana, momento en que ella y sus tres hijos deberían de salir por la puerta de casa dirección al colegio. Mientras leía su post pensaba en cuánta razón tenía en todo lo que contaba. Supongo que cada familia tiene su hora crítica en la que el estrés alcanza su punto culminante. La nuestra son las 7.50 de la mañana. A esa hora Hugo y Leo deberían de estar vestidos, desayunados, con la cara limpia de mocos y de papillas y con los abrigos puestos para poder coger el ascensor y salir de casa camino al cole. Esa es la teoría. La práctica es que la mayoría de los días a esa hora, ellos están a medio desayunar, jugando con sus coches y muñecos y tratando de impedir a voz en grito que su padre los peine para estar medio presentables. Yo, a duras penas logro estar vestida, ya no digamos peinada (muchas veces el espejo del ascensor hace las mismas funciones que el del lavabo) y la colonia o pendientes quedan abandonados durante días en su cajón... Hace meses que opté por desayunar (para poder hacerlo con tranquilidad) delante del ordenador de la oficina, y más de una vez he olvidado alguna luz encendida o el bolso se ha quedado reposando encima del sofá... Así que, una vez sentados todos en el coche, una respira y piensa que prueba superada de nuevo... Es entonces cuando uno de los dos empieza a pedir: mama el globo, mamaaaa el cotxe, "maaamaaaa que s'ha caigut" y tú que les explicas que mientras conduces no te puedes girar, ni agachar, ni darles nada y ellos que no atienden a razones y dale que dale. Leo no se conforma sólo con pedir si no que quiere que además le mires cuando te habla porque si no piensa que no le haces caso... Así llegamos al colegio (pronto para poder aparcar sin molestar a nadie) y cuando regresas a por el coche después de dejarlos a ellos en clase, te encuentras con otro que ha aparcado delante bloqueando tu salida y que después de no sé cuántos minutos de espera (que en ese momento del día parecen horas) llega con su sonrisa mientras se quita el abrigo con suma tranquilidad, lo deja en el asiento del acompañante y regresa al del conductor para ponerse su cinturón de seguridad con una parsimonia tal que apretarías el acelerador con un ímpetu que lo mandarías no sé dónde... supongo que dando rienda suelta a todo el estrés acumulado en el transcurso de esa eterna hora de la mañana... En fin, que de las 8 a las 9 de la mañana mejor que no suene el teléfono....Menos mal que Jordi, en los últimos días hace con nosotros parte del trayecto... así el estrés no se concentra tanto en una única persona. Hoy una foto de Hugo y de Leo con cara de angelitos... Hoy felicitats al tiet Carles que cumple años.
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