
Parece que vamos adaptándonos a la nueva rutina diaria: a las 6.45 en pie. Mientras los peques duermen Jordi se ducha y prepara el desayuno de Hugo y de Leo y yo ordeno habitaciones y preparo bibis. A las 7.20 todos en pie de guerra. Primero el pipi, después el desayuno y lo último el uniforme. Mochilas, bolsa de Lola, mi desayuno y toda la tropa hacia los coches: Primera parada en casa dels avis para dejar a Lola, segunda el cole de Hugo y de Leo, la tercera y definitiva mi trabajo... Creo que son las horas más intensas de todo el día. La acumulación de adrenalina es brutal... Después el día transcurre más o menos normal hasta que tocan las 5 de la tarde: Corre corre que te pillo. De nuevo al cole a recoger a Hugo y a Leo, después a Lola y finalmente a casa: ducha, preparación de cena, engullimento de cena, un cuento y a dormir. Las 9 de la noche que parecen las 2 de la madrugada. Es entonces cuando llega el momento de Lola y ella se convierte en la ÚNICA NIÑA DE LA CASA. Todo es para ella. Porque se lo merece, porque es buena rebuena que ni llora, ni reclama atención, ni se enfada. Sólo te mira buscando tu sonrisa para corresponderte con la suya que siempre es inmensa inmensa y llena de bondad y vivura... Es la sonrisa de la inocencia que te contagia y te hace olvidar en un plis todo el estrés acumulado durante el día. Lola es la peque que llena la casa de ternura. Hugo y Leo cuando la ven sólo quieren darle petons. Hugo me mira y dice: mamá un petó a la Lola... puc??? siuplau... y entonces él aunque con la cara de moquitos, las manos a veces manchadas o sudado después de cualquier juego, se le acerca con un cuidado inmenso y le planta un beso allí donde mejor le caiga y tras él Leo, con su sonrisa y diciendo: jo també mama??? La quieren muchísimo muchísimo. Y ella, por ahora, se deja querer... de aquí a un año, cuando ya empiece a mandar... como mandan todas las niñas, quizás sea otro cantar. Hasta entonces a disfrutarlo!!!
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