Ayer lo comprobamos. Ayer Hugo y Leo tuvieron día de fiesta escolar. Se quedaron en casa de l'avi Lluís e Isabel. A pesar de la lluvia y el frío se lo pasaron en grande. Salieron a pasear con sus botas de agua, chapotearon en los charcos y visitaron a los "Gegants" de la ciudad. Siempre que van a casa dels avis, sean unos u otros disfrutan un montón. Yo me acerqué al mediodía para comer allí y de paso estar con ellos un rato. Cuando me vieron llegar y les dije que tenían que ir a dormir se negaron en rotundo los dos. Y cedí, y me convencieron, y también acordamos que por la tarde no se pondrían llorones ni quejicas... Comí, jugué con ellos y allí los dejé, con la duda de si cumplirían lo prometido. A las 5 cuando volví a recogerles me los encontré en el sofá del salón completamente dormidos. Parecían dos angelitos. Habían caído rendidos de cansancio y de sueño. A las 5.30 traté de despertarlos. Nada de nada. Allí no se movía nadie. Leo se desperezó y sólo las palabras "lacasitos" y croissants lograron que se incorporara para merendar. Con Hugo no hubo manera. Al final harto de mi insistencia empezó a llorar. Primero fue un lloro suave, de queja. Poco a poco fue en aumento hasta convertirse en un llanto irrefrenable, sentido e imposible de controlar. Ni el agua fría en la cara logró pararlo. Estuvo así durante 20 minutos. Al final paró. Estuvo callado durante un buen rato, sólo dejaba escapar un "aaayyy" de sentimiento... En fin, esto nos sirvió para cerciorarnos de que todavía no podemos abandonar la preciada "siesta". No es bueno ni para ellos ni para nosotros. Parece que empezamos a descansar poco a poco las noches casi enteras y seguidas. Se agradece y mucho, el cuerpo, la mente, el ánimo...todo. Esta mañana, mañana caótica. Nos hemos dormido 20 minutos. Además, Hugo y Leo se despertaron pronto, demasiado pronto. Quisieron ducharse. Hugo con su padre y Leo conmigo (el baño, por norma para ellos, es nocturno). Más cosas que hacer en menos tiempo del habitual. Después desayuno y al terminar éste a Hugo se le cayó todo todo el zumo en el comedor... Aroma a piña colada, suelo "enganchifoso" y nervios a flor de piel que supongo que gracias al descanso nocturno, logramos controlar. Menos mal que Lola sigue siendo un cielete. Lo miraba todo y a todos con ojos superabiertos, de vez en cuando dejaba escapar un grito de alegría animada por el jolgorio matutino... Mañana sábado celebramos el cumple de papá. Ellos emocionados y muy contentos. La foto, de ayer mientras dormían... lo dicho: "dos angelitos"

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