Volvemos. Al trabajo hoy. Al cole en una semana. Jordi empezó el lunes pasado. Hoy me toca a mí. El verano, como cada año, mejorando las expectativas y los miedos previos. Hemos seguido una rutina en horarios que nos ha permitido a todos disfrutar más y mejor. La mañana empezaba por regla general a las 9. Un lujo para los papás que ya nos habíamos olvidado de lo que era dormir más de 8 o 9 horas seguidas. A las 10 nos plantábamos los 5 en la playa con equipamiento minimalista. A la 1 de vuelta para nuestra comida y la siesta de Lola. La novedad es que hemos empezado a comer los 4 juntos. Hasta ahora Hugo y Leo comían primero para poder hacer la siesta. Puede parecer una tontería pero el hecho de sentarnos todos juntos a la mesa (Lola no creo que tarde mucho en unirse a nosotros) para comer me da una mayor sensación de familia. Por la tarde baño en la piscina (Hugo ya ha empezado a bucear sin manguitos en la piscina grande), merienda y salida a pasear por algunos de los pueblecitos cercanos. El día terminaba para ellos sobre las 21.30-22.00. Lo hemos disfrutado. Mucho. Hugo, Leo y Lola están ahora, como la mayoría de niños a estas alturas del verano, descontrolados. Duermen hasta las mil, van todo el día en bañador y descalzos, comen como cosacos y no paran quietos. No quiero ni pensar en el próximo lunes cuando tengan que ponerse los zapatos (calcetines incluidos) y los pantalones de uniforme. Ayer les probé pantalones del curso pasado pensando (muy inocentemente) que quizás podrían amortizarlos un par de meses más. Podrían, si la moda del uniforme fuera pantalón pirata. En fin que tocará una nueva inversión en pantalones para el cole, o cortar estos y alargar calcetines como última opción. Para Lola también va a ser duro su estreno en el cole. Sólo quiere estar con Jordi o conmigo (yo como opción sustitutiva al papá). A Hugo y a Leo no los deja ni a sol ni a sombra. Y está tremenda de traviesa. Veremos qué tal reacciona a las nuevas normas y a las nuevas personas. La única ventaja es que le chifla estar con niños de su edad. Esperemos que eso sea suficiente para suavizar su adaptación. La oficina después de una semana sola con los 3 parece el paraíso. Aunque en un par de días estaré ya añorando los gritos, juegos y risas de los tres peques. Ni contigo ni sin ti. Creo que nos toca a Jordi y a mí una salida sin niños para despedir el verano. Y sin que venga a cuento, y sin que esto sirva de subidón ególatra para el destinatario puedo decir que es un papá 10 y un marido 10 plus. Y que gracias por el verano que nos ha hecho pasar a los 4. Que Hugo y Leo preguntaban por él esta mañana cuando no lo han visto (están acostumbrados a su beso matutino) y Lola lo buscaba con sus ojos y diciendo papá una y otra vez...

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