jueves, 15 de septiembre de 2011





A punto de finalizar la primera semana de curso. Para Hugo y para Lola no está siendo nada fácil. Leo lo lleva bastante mejor. Los tres llegan a casa agotados, sudados de tanto calor, con sueño por falta de siesta pero siempre con muchas ganas de contar lo que han vivido. Hugo y Leo se ven en el patio y juegan juntos. Ayer me contaban que ya van a comer al comedor de mayores, con sus bandejas, sus mesas largas (antes eran redondas y reducidas a un grupo de 5)... Les sirven la comida y ellos la llevan a sus respectivos sitios. Y mientras me lo cuentan recuerdo el mismo lugar, las mismas bandejas, el mismo recorrido y las mismas costumbres que cuando yo era pequeña. El hecho de imaginármelos de una manera tan real y revivir estos momentos que yo también pasé me hace sonreir y pensar en lo rápido que pasa el tiempo... En que hace 30 años era yo quien llevaba esa bandeja y me sentaba en las misma sillas(porque siguen siendo las mismas) que ellos ahora ocupan... Era el mejor momento del día para mí. Siempre he pensado que es una muy buena opción que los 3 se queden a comer en el colegio. Allí les enseñan unas pautas de comportamiento que a veces en casa se nos pueden pasar por alto. Aprenden a comer de todo y a dejar el plato limpio. A no levantarse de la mesa hasta que no toca la campana, a hablar en tono adecuado, a utilizar los cubiertos correctamente, a recoger su bandeja y dejarla en su sitio, además de que todos colaboran (ellos todavía no) en la limpieza colectiva del comedor.. En fin un montón de valores y buenas maneras que por enseñanza e imitación acaban adquiriendo como norma y costumbre para siempre. Y además lo hacen sin poner demasiado esfuerzo porque se trata de unos momentos de distendimiento y alegría.

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